jueves, 23 de abril de 2015

HOY, AHORA.

De los días en Tamahu, y del trato con los indígenas, se adquiere una forma de ver la vida por ósmosis: una cierta fatalidad ante las cosas. La vida es así, no hay que darle más vueltas, todo sucede cuando tiene que suceder , independientemente de  nuestros deseos. Y   consecuencia de esa  manera de vivir, muchas veces "contemplativa", como de la mano de ella, nace el asombro. 

Asombrarse es propio de niños. Y esa niñez  se recupera si te abandonas a la meditación. Es frecuente que te sorprendas en medio del silencio por un hallazgo insospechado que te asalta en un paseo meditando. A veces ese asombro llena de alegría , sobre todo cuando descubres facetas del pasado que hoy no reconoces en ti. 

Recuerdo una frase : "un león enjaulado no es un león". Y descubrir que uno  ha sido esa fiera enjaulada durante muchos años. En una  jaula muy grande, y  con los barrotes muy gruesos. 

Meditar no es soñar. Nadie vive más en la  realidad de la vida que la persona que medita. Cuesta mucho entender esto, pues la lucha contra la  fantasía tiene que ser sin cuartel. Yo soy  persona que está bien en todos los sitios, excepto donde tiene que estar. La imaginación es una mentirosa que esclaviza , y de qué manera.

La realidad es más hermosa que la mejor de las fantasías,  lo mismo que tu mujer es mejor compañera que  cualquier otra que puedas soñar, que lo que escribo ahora es mejor texto que la entrada que pensé. Sólo libera la realidad. Será torpe, lenta, cortita de luces, estrecha, pobre, pero es:  se huele, se palpa, se ve. 

Los sueños se escapan, decepcionan, son  intangibles.

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