sábado, 18 de abril de 2015

UNA EXPERIENCIA PERSONAL.

Todos los grandes buscadores de lo Escondido refieren a lo mismo: una experiencia personal...una experiencia personal que será de una manera o de otra, pero que le hace abrir los ojos de un modo definitivo.

Hasta que no llega esa experiencia personal se vive de creencias aprendidas, de cultura, de ideología...pero no de Fe. Mucho menos en un estado vocaciónal.

Un estado vocacional no es religioso, necesariamente.

El Padre Philippe, en Tamahu, cuenta con una minuciosidad encantadora su conversión en Polonia gracias a unos versículos de la carta de san Pablo a los  Efesios.

Mi  biografía espiritual comienza con la enfermedad  de Manuela, y gracias a ella, el encuentro en Tamahu con la bùsqueda de  lo "Escondido".

Podría citar cientos, miles de encuentros de muchas personas , siempre a través de  experiencias personales, que han derivado en conversiones de vida.

Son caminos muy personales, y muy variados. No vale la pena discutir cual de ellos es mejor. Todos suben la misma montaña  por diferentes laderas y sendas. Unas más largas, más peligrosas, más directas en la senda a la cima, algunos son muy transitadas, otros  solitarias, desérticas, incómodas ...los recorridos son muy variados, y no tiene sentido preguntarse  nada. Es sólo al final, cuando se acerca la cumbre y  nos encontramos casi en el vértice unos con otros, a una altura considerable de nuestras vidas, cuando descubrimos el sentido de todo.

Mientras tanto, ¡a subir!. Pasito a pasito, poco a poco, sudando la gota gorda, resbalando en chancales que nos hacen retroceder casi hasta el principio, para tomar otra senda, más larga, menos agresiva...y , en fin, ya llegaremos.

Aunque, me temo, basta con que nos pille ascendiendo. Ya bajará alguien a recogernos.

1 comentario:

  1. Bien, amigo.
    Tal vez nos veamos arriba, o tal vez nos pille una niebla de tres pares y aunque estemos a cinco metros, ni nos reconozcamos.
    También es posible que lleguemos arriba y nos roben la cartera. Mala suerte, colega.
    Ya puestos, cabe la posibilidad de que tengamos tal alucine que nos de igual ocho que ochenta. Que de todo nos puede pasar.
    A mí personalmente me gustaría encontrarme a una docena de conocidos y organizar una buena timba, echar cuatro risas y jugar la última partida de póker directamente con el Boss.
    Eso sí, al póker descubierto.
    ...
    No sé si me conformo con poco, o si soy muy exigente, no tengo ni zorra.
    Pero que voy a subir a intentar descubrir qué cojones hay allí arriba, es es seguro.

    Total, no tengo nada mejor que hacer.
    Y como aventura, no está nada mal.

    Pero nada mal.

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