miércoles, 20 de mayo de 2015

EN UN LUGAR DE LA MENTE.

Estos días, con el cambio de empresa, paso mucho tiempo en Barcelona.

Recobro viejas  relaciones con antiguos alumnos. Es un disfrute descubrir que no han pasado veinte, treinta años. Parece todo de ayer.

Algo que me ha llamado la atención : la clave que diferencia ideas y creencias es lo emocional. No creo haber sido un buen profesor, pero sí he dejado emociones, que es lo que se recuerda: los chistes, las inauguraciones gamberras de las calles Herzegovino, Muntaner, las interminables tertulias musicales, las convivencias como  riesgo y aventura sin sentido...

Me llama un número desconocido.

- ¿Dígame?

- ¡Mi melenilla, no me la quiero cortar, si me critican , a mi todo me da igual...¡al ritmo de la vida voy, que voy , que voy, al ritmo de la vida voy, que voy que voy, al ritmo de la vida voy, ¡qué feliz que soy.

Había olvidado esa canción que cantó el tío como un santo y seña que abría un puente de hoy hasta la adolescencia.

¡Alucinante efecto magdalena de Proust el de esa canción en mis oídos!

En un lugar de la mente, de cuyo nombre no consigo  acordarme, hay una canción que despierta lo mejor de nosotros mismos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada