sábado, 16 de mayo de 2015

¡VAMO A VIVIRLA!

De Tamahu me fui con una lección aprendida de coraje.

O sea, recomenzar siempre cuando nadie espera que lo  hagas. 

No salió esta aventura como se soñó, por parte de Xavier, del padre Philipe, y mía. Y los tres, cada uno a su manera, vamos  a recomenzar. Y el riesgo de ese volver a empezar no es más que , otra vez, al fracaso: tener coraje es no tener miedo al fracaso.

Dicho de otro modo: volveremos a empezar, y saldrá mal, y...¡no pasa nada!: ¡volveremos a empezar de nuevo!. ¿Por qué?, ¿cabezonería?: no; vocación. ¡Siempre la misma palabra, tan hermosa cuando se tiene!

La verdad es que he vivido rodeado de gente con mucho coraje. Mi madre, mi padre, algunos de los que leen el Barullo y conozco...en fin: gente que son como el corcho: ¡nunca se hunden!

Bueno, al final haremos lo que hemos visto hacer siempre , defender nuestras ideas, que es aceptar también las que son diferentes a las tuyas.

Reconocer tus errores. No traicionar a un amigo. Hacer bien tu trabajo aunque estés cansado, en no aprovecharte del débil. 

A veces cuesta perder, sentir que se han reído de ti, o que hay quien no le gusta que hayas dejado el fumeteo y el Jack's. Porque de todo hay en este Barullo.

Telefonear a un enfermo. Cumplir la palabra dada. Acariciar a un niño. Si me apuras,  quitarle a tu perro las pulgas. O dar las gracias al que te ayuda.

De sitios así sales nuevo, dispuesto a empezar de nuevo.

Como escribió Lope:

"Mas ¡ay, que no me escuchas!
Pero la vida es corta:
viviendo, todo falta;
muriendo, todo sobra".

¡Vamos a vivirla!




1 comentario:

  1. Tengo un vecino que con dieciséis años es un crack.
    No corre, vuela bajito.
    ...
    El sábado fui a verle competir en el cole de mis hijas.
    Gana siempre, con una facilidad pasmosa. Tiene un amigo muy gordo. Él también compite, pero no es que llegue el último, es que llega al día siguiente.
    Ayer su amigo se pegó un piñazo del catorce. Se dejó tres kilos de tejido epitelial en una curva, aterrizando contra las vallas municipales.
    Mi vecino, que hacía cuarto de hora que había terminado, paseaba con su medalla.
    Vió al Gordo de Minesota en pleno piño y se acercó a ayudarle.
    Entre varios chicos rescataron al gordo de entre los hierros.
    El chaval estaba hecho un Cristo.
    ...
    Vas a acabar por mis cojones.
    Eso fue lo que le dijo mi vecino a su amigo.
    Y andando, arrastrando las zapatillas reventadas, con las rodillas hechas cisco, el Gordo de Minesota atravesó la meta en compañía del cabroncete de mi vecino.
    ...
    Se les ve venir.
    Amigos de verdad.
    Impasibles a los piñazos.

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