miércoles, 17 de junio de 2015

VIEJAS CARTAS.

Vuelvo a leer viejas cartas. Tengo la impresión de sabor a cosa efímera, ambiente de exhumación.

Todas esas líneas aspiraban a lo eterno. Tengo la impresión de tocar una eternidad abortada. ¡Dios mío, qué sed teníamos!

Parece, leyendo esas cartas, que bebo pan de rana al borde de un arroyo que se pudre. Pero ese deseo de beber, que puede llevarnos a tragar barro, es el signo de que la fuente corre, aunque más arriba.

Allá vamos, allá nos juntaremos muchos sedientos.

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