domingo, 2 de agosto de 2015

EL CONSUELO QUE PROCURA.

 Dickens , lo cuenta Orwell, en una carta al menor de sus hijos cerca del final de su vida, en 1868, le dice que nunca le atosigó en el pasado con formalismos religiosos y que, por eso, tal vez en ese momento haga más caso a la recomendación que le hace: «No abandones nunca la sana costumbre de rezar tus oraciones por la noche y por la mañana. Yo nunca he dejado de hacerlo, y sé el consuelo que procura».

Dos buenos consejos: no le atosigó con  lo  que ahora  diríamos "rollos religiosos"...y , aprovechando  que  no le anduvo agobiando le   pide  que no abandone  la  costumbre de rezar  sus oraciones por la noche y por la mañana.

Confirmo  "el consuelo  que procura".

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