miércoles, 14 de octubre de 2015

CUANDO NACISTE.

Cuando naciste el mundo sonrió porque  conocía  tu   destino.  Naciste , pero no sola. 
Vinieron contigo  sueños, palabras, risas  , deseos que fueron, besos,  también tristezas, amistades, grandes carcajadas. 

Todo esto  en el hatillo que te fue dado. Pero también llegó el aroma de aquel rincón, aquella hora de sol de invierno en la plaza, la fuente  bajo los plátanos, el olor de miel , unos ¡buenos días, María !, y tu  sonriendo  a  ese José , que es que a veces  parece tonto de bueno que es.;

Naciste, ¡qué alegría,  madre, ! y  nos enseñaste a amar un cierto paisaje, una cierta  forma de las estrellas, y la hierba, y el canto del gallo,  una cierta voz en los hombres, y un color en las ovejas, que es el color del pan. 

Y el mundo  te miraba .  Y seguía, seguían las horas, las estaciones, los siglos. Y la tierra rotaba, de este a oeste, y cuando   no te veía, te echaba a faltar.  Pero un día cualquiera muere  una  mujer  y el mundo se acaba, perdido, solo, sin que nadie lo mire,  amorosamente, como es debido.

Madre, estoy solo: escapar  no es la mejor  forma de ser  feliz. No me dejes.


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