martes, 18 de agosto de 2015

CUBRIRTE A BESOS.

De mi padre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo. Aprendí a perdonarme, y a quererme, porque él me quería sí, como soy ahora mismo.

De mi padre aprendí a no tirar ninguna piedra sobre nadie, sea quien sea, porque esa persona también soy yo.

Aprendí que  puedo decir basta a los hábitos que me destruyen, a las cosas que me esclavizan, al dinero, al poder, se vista como se vista, a los que quieren dirigir tu vida por caminos que van a ninguna parte.

Cuando éramos pequeños presumíamos de padres: "mi padre es tal", "mi padre es cual" , decíamos. A veces alguno se marcaba farol y gritaba "¡mi padre es Franco!".

- Mi padre es Dios

Una vez, tendría  yo veintidós años, escapé de un centro de la opus   donde vivía.

Dejé un papel escrito sobre la colcha de la cama: "no me busquéis".

Anduve  un mes y medio perdido y desorientado. La razón de aquella huida  podéis  imaginarla: había tocado  fondo. Fui a Madrid, Cádiz, Torremolinos, Granada...

Durante esos días descubrí que no había tocado  fondo. Aún se podía caer más bajo.

Y regresé a casa con mi familia.

Y entendí, ¡de qué manera!, qué significa que tu padre  te cubra a besos.    

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