domingo, 7 de febrero de 2016

ES SENCILLA MI ROPA

Es sencilla mi ropa...

Es sencilla mi ropa,
pobre mi hogar.
¡Soy una isleña
de islas remotas!

¡Nadie me hace falta!
si entras -pierdo el sueño.
Por calentarle la cena a un Extraño
quemaría mi casa.

Si me miras -ya nos conocemos,
si entras -¡quédate a vivir!
Es sencillo nuestro fuero,
está escrito en la sangre.

En la palma de la mano tendremos
la luna, si nos place.
Si te vas -es como si no existieras,
y como si tampoco yo existiera.

Miro la marca del cuchillo:
¿sanará antes
de que venga otro extraño
a pedirme agua?

Tsvetayeva

Alexander Solzhenitsin, condecorado por su valor como oficial del Ejército Rojo durante la II Guerra Mundial, fue condenado a 11 años de prisión y destierro por un comentario jocoso en una carta sobre el «bigotudo» Stalin. 

Solzhenitsin  sobrevivió para transmitirnos cerca de 250 testimonios de la represión estalinista que él había recopilado durante la guerra, sus ocho años de estancia en la cárcel y su posterior confinamiento en Kazajistán. Son casos con nombres propios, que surgen de la tumba para contarnos con la voz del escritor ruso la tragedia de una época de infamia y horror. El que ha leído a Solzhenitsin  no lo  olvida.

Como el Zhivago de Lean   uno se  imagina  a Solzhenitsin en su cabaña de Rodzhdetsvona, una casita de madera sin calefacción y luz eléctrica, situada en medio de un bosque , contando con su letra menuda y apretada tanto sufrimiento. 

Los folios que salían de su pluma los ocultaba  a en un arcón bajo tierra para evitar que el KGB se los incautara, como así sucedió tras torturar a una de sus amigas y colaboradoras, que posteriormente se ahorcó,la  poetísa Tsvetayeva.


Solzhenitsin, como Pasternak, Mandelstam, Bulgakov, Ajmatova, Platonov, Babel, Tsvetayeva y una larga lista de escritores, representa el triunfo de la voluntad individual frente a un sistema concebido para aniquilar cualquier atisbo de crítica o creación. 

Todos ellos fueron aplastados por la maquinaria soviética: sufrieron cárcel, persecución y la mayoría acabó sus días en Siberia, en el suicidio o ambas cosas.

Emociona  saber que a  pesar del  dolor, la pobreza,la  persecución, que hizo que hizo que  todos y cada uno de esos escritores apostaran su vida y la perdieran para transmitirnos ese infinito horror que hoy nos parece tan distante pero que sigue tan cercano en el tiempo. 

Su espíritu pervive en ese bosque  en el que se inspiraba Solzhenitsin y que simboliza lo mejor de todos nosotros.

A su lado, el ejemplo de tanto  político corrupto por el  poder  produce nauseas.


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AQUÍ: LA BARULLA: ÉL HA ESTADO AQUÍ.

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