miércoles, 11 de noviembre de 2015

ESPERAR

Nunca supe esperar, pero no me ha quedado más remedio que aprender a escuchar y ver qué sucede cuando escuchas unos pasos  que se acercan a la  vuelta de la esquina.

Y llega la sorpresa en forma de pesadilla, o de fiesta, de sorpresa, de vocación, de...¡yo qué sé!.

Larga es la espera para quien espera, pero más larga es la espera cuando no sabes lo qué esperas o, lo qué es peor, a quién esperas. De todas formas, lo que espero no vendrá de nada humano, ni del tiempo que viva  aquí abajo. Esas  horas no me interesan  para nada. Vendrá de lo que necesita mi vida para terminar de ser vivida de verdad, con intensidad, con quilates. 

Y es alegría. Nada más. Cosa de un segundo que te la ofrece  un pétalo, el canto de una cigarra, el sonido del remache del herrero en el yunque, el silbido de un hombre andando  por la calle con las manos en los bolsillos.

O tú, cuando me bendices y me perdonas.
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