martes, 17 de noviembre de 2015

LÁGRIMAS

No hay nada que me conmueva más que el dolor de una persona arrepentida. Sus lágrimas corren por sus mejillas de una manera limpia, como el agua del deshielo , y siempre, siempre, miran a los ojos del que pide perdón.

No se esconde, porque al confesar su culpa , sobre todo cuando es tan grande que no tiene disculpa, ya no se oculta detrás de sus manos: sólo mira, y llora.

¡Benditas lágrimas!

No hay mayor alegría que la que nace de ese momento de gracia que precede al perdón.

Después,llegará o no ese perdón - de Dios siempre llega, incluso antes de que lo pidas- ,pero al dejar a esa persona a la que  pediste perdón, ella tendrá la sensación de que te fuiste dejando la luz encendida .

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