lunes, 30 de noviembre de 2015

SÍNDROME DE STENDHAL

Al  escritor  Stendhal,  al  salir  de la  iglesia  de la Santa Croce    en Florencia, después  de  contemplar  un mausoleo de mármol , una  obra  maestra  , impresionado  por su belleza,  le vino un vahído , como  si  perdiera  el conocimiento.

De allí  viene lo  que se  conoce  como el Síndrome de Stendhal.

Hay  personas  muy sensibles  a  la belleza , y ésta les altera el pulso , acelera el ritmo  cardíaco , les da  vértigo, incluso hay  quien se  desmaya.. Conocí un arquitecto que afirmaba en una de sus clases , "si cuando entran ustedes en la catedral de León no trempan , esta no es su profesión".

Miguel Ángel al ver terminado el Moisés  le pegó un martillazo  en la rodillay le grió: ¡¡¡HABLA!!!.  

No sólo  sucede  ante  la contemplación de  una obra de arte, un cuadro, una  escultura, una catedral. 

Yo  lo he sentido  recordando  un amor  , hasta  tal punto, que ese recuerdo me erizó los  pelos de  gallina de piel. 

O rebobinando aquel  encuentro con Juan Pablo II  , su voz, cálida y grave, la caricia   en  mi nuca, y romper a  llorar  de  nuevo.

Verme  sentado de crío  sobre  la espalda de  mi padre  mientras hacía  flexiones  en  camiseta interior de tirantes, y sentir  ese vértigo de estar  a hombros  del dueño del mundo.

Evocar  canciones que cantaste   en  nuestra  adolescencia  y  juventud produce una  dulce ebriedad  como  le  sucedió a  Stendhal.

Pero también puede llevarte  al  dolor, a degustar  una cierta  tristeza , incluso al rechazo  de ti mismo, si  al regresar  a ese  paraíso , a  esa  mirada que  tanto  te enamoró ,  la encuentras hecha  cenizas, destruida  por la enfermedad, o el olvido, porque  ya  no  se  acuerda  de ti.

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LA BARULLA: LA ISLA DEL TESORO

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