lunes, 23 de noviembre de 2015

LA MAGDALENA

Un día  fuimos convocados  a  la existencia.

En ese tiempo, el que sea que se nos haya destinado, Él triunfará  sobre  nuestro egoísmo , y nos acogerá en un encuentro  inefable que sólo pueden evocar vagamente aquellas  palabras  que se  cruzaron  el Salvador y María Magdalena  junto  al  sepulcro  vacío.

Ella estaba  desolada. Le confundió  con el  hortelano, y le habló  lamentándose , sin volverse, como hablando consigo misma: ¿ si era él quién había ocultado el cuerpo , ¿donde  lo había  puesto?.

Él la dice solamente "¡María!".

Y ella vuelve    la  cabeza  enloquecida.

Si una mujer ha  llorado  de  alegría alguna  vez tuvo que ser esta.

De modo  semejante para  cada uno de  nosotros , en el  momento que pensemos  que todo  se ha  hundido  para  siempre, el Señor , junto a  nosotros , pronunciará  nuestro nombre.

Entonces, ¡que  locura!: una eternidad llena de nuestras lágrimas de  gratitud.




LABARULLA: PERSONAS PROBLEMA.

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