domingo, 20 de diciembre de 2015

LA CRISÁLIDA.

La  cosa fue así:

La taza de camomila humeaba bajo su nariz y este hombre ya maduro un día mojó en ella una magdalena que se disolvió en varias migas dentro de la cucharilla. La elevó a los labios y no sucedió nada la primera vez. Tampoco la segunda. Pero a la tercera aquellas migas produjeron un efecto extraño. El sabor de la magdalena le abrió un alveolo del subconsciente donde la esencia del tiempo se hallaba sumergida. De pronto su sabor le trasportó a otra magdalena lejana que, de niño, su tía Leontie le daba en Combrey y a partir de ese perfume comenzaron a abrirse espacios de la vieja casa con sus voces, rostros, muebles, paisajes, todo un tiempo que se había perdido en la memoria.

La  magdalena de Proust  es una  metáfora  de  nosotros  mismos.

Pasa  un  hombre  por el pasillo del AVE y en  su revuelo, deja una estela perfumada a Floïd , y recuerdo a mi padre  afeitándose  por la mañana.

Veo una  foto antigua de  chocolate Elgorriaga  y  veo una barra de pan abierta por medio con una  tableta metida a presión entre las migas. Y mi madre.

 Un  adolescente  con granos , con una sexualidad  desordenada y enfermiza , se encierra en una buhardilla en el Hotel Vidaller   a hojear  números retrasados de Burda, y sus fotografías de señoras maduras en ropa interior. El olor de esas cuatro paredes  lo tengo en la nuca.

Un maquillaje, Elisabeth Arden, número 1, me ha hecho llorar en medio del Corte Inglés.

 Hay  calles de Barcelona que son memoria de mis pecados, de la vergüenza.

A Dios  lo tengo  muy dentro, y me  huele a velas que se apagan, a oscuridad, a "¡joder qué desastre!" .

María tiene perfume de flores, canciones,  y  esperanza.

Hay mujeres  que me huelen a aventura, otras a amor.

Todos  llevamos en  la nuca esos olores  que despiertan lo  mejor  y lo peor  de  nosotros  mismos: la iglesia,la casa de putas,el colegio, la primera  novia, nuestro primer muerto,  aquel  trabajo, el aula  infantil con los cristales de las ventanas empapados de  vaho....incluso el de esos  pecados que aún nadie sabe que  hiciste, que están agazapados en  lo más oscuro de tu  conciencia.

Todos  hemos ido   hilando poco a poco nuestro  capullo de oro como un gusano hasta que al final se convierte  en la crisálida más evanescente que hayas  podido  soñar. 

En Proust  todo  fue  por una Magdalena, y en ti vete  a saber qué.

Pero ,  seas  como seas, no  olvides  que todos te vemos con simpatía, que no has hecho nada   de lo que tengas  que avergonzarte, y que a Dios  ya  sabe  lo que  necesitas antes de  que se  lo  pidas.



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LA BARULLA BUSCADOR DE ORO

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