lunes, 25 de enero de 2016

EL AVIÓN .

Esos casos de corrupción  que  salpican   el paisaje  político de todo el mundo demuestra  que  la función pública está dañada  en origen. Se pongan como se pongan , la clase  política  está  podrida en origen. Y serán excepciones los que  defiendan lo contrario.

Estamos ante  una enorme  agencia  de colocación.

El mismo  tufillo    siento cuando esa corrupción aparece en la iglesia, en las artes, en la literatura. Esa gente que lideran la  honradez  pública , que tienen millones de seguidores haciéndose  dioses  a los ojos de  la gente  sencilla.

Es  como si el piloto  del avión  que vuela  averiado , echando fuego por  los motores , y una  cortina de humo  que  anuncia  que se va  a  pique. Y el piloto informa  a  los  pasajeros de que, "lamentablemente, no hay  paracaídas     para ustedes".

Y en ese instante , los  viajeros observan desde  la  ventanilla  del avión que el piloto ha saltado  por la portezuela  en un maravilloso  paracaídas , con la linda azafata  abrazada a  él . Se  les ve cayendo felizmente sobre un fondo de cielo azul lila , entre nubes blancas como la  lana, despidiéndose alegremente  del avión y de sus   pasajeros que, aterrorizados , se aferran desesperados a la butaca, como  insectos apunto de sentir el chasquido de la punta de la bota de Lucifer.



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