domingo, 6 de marzo de 2016

DESENCANTADO.

El desencanto es más temible que la desesperación. 

El desencanto es un encogimiento del espíritu, una enfermedad de las arterias de la inteligencia que poco a poco se obstruyen, no dejan ya pasar la luz.  

La desesperación no consiste en estar cansado del sufrimiento, sino en estar cansado de la alegría. 

Otras  veces  lo  hemos  contado  aquí: esa  tristeza  de  las  personas  que hicieron  de un hombre  un dios, y después  no  le  perdonaron  que  no lo fuese. Ese  desencanto  deja  huella en el  rostro: ¡difícil  sobrevivir  a  esos  grandes  ideales!


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EL BARULLO: UNA GRIETA DONDE ENTRA LA LUZ

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