domingo, 20 de marzo de 2016

EL ÁNGEL DEL PARAÍSO.

Cuando  era  niño  jugaba a  ser  piel roja, cortar  cabelleras  y , gritando,  mostrarlas  puño en  alto  a  un  pueblo  sediento de sangre. Me  gustaba  ser  gángster , pirata, Tarzán, Drácula,  explorador...me enamoraba  de  las más golfas.

Cuando  soñé en ser  misionero  lo hice a  condición de  un buen martirio. Nada de mariconadas;  morir  despellejado.

Se  me deshojaba  la   violencia, la rabia, el descontento que  había  en  mi. Me  he  clavado  alfileres  en los  muslos mientras  un   nazi  sin  escrúpulos   me obligaba  a  traicionar  a  los míos., Pero no, ¡pues  bueno  era  yo!.

Mi madre entró  al  oír  los  gritos, y me vio  con los alfileres  clavados  en las  piernas. 

-  ¡Pero  tú  estás  loco,o qué!...

Yo  estaba  salvando el  mundo, ¿cómo  se  lo iba  a  decir?

Encarcelado tras las rayas de un tigre de Bengala  , revolcándome  por el salón de casa  abrazado a sus cuerpo, deshojándole uno a uno los rugidos, que  se  confundían  con los míos.

Eso  todos esos. Soy  todos  esos.

Pero ahora  simulo  mis  personajes.  Un día  dejé  de  vivir  en el Paraíso  y  el alfanje del alado guardián del Génesis me  llevó  hasta  la  verja de salida de mi niñez  y  me señaló el camino de salida
al  mundo. Fui   expulsado, como tú, como  todos : pero en esa  niñez 
perdida  éramos  inmortales.

Si  regresas a  ella , vuelves a  la  verja , coges prestada  la espada al ángel y te enciendes  con su  punta un  puro, a lo  mejor  lo  seguirás  siendo.

De todas formas, como  pensó  Twain, para Adán  el  paraíso estaba  donde  estaba Eva...

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